Carta al ministro Salvador Illa y a Fernando Simón tras su invitación

Enorme, puro sentido común, que por desgracia no es el más común de los sentidos.

MEDICOACUADROS

Tras haber recibido ayer esta peculiar invitación por parte del Ministerio de Sanidad…

…he decidio hacer esta entrada en mi blog. No entiendo el concepto de “briefing” y no me gusta la última linea de la convocatoria. Habeis invitado a un grupo de divulgadores muy activos en redes y no me gustaría ser simplemente parte de una nota de prensa encabezada por una foto vuestra mirando una pantalla llena de caritas explicando que estais contando con nosotros con algún objetivo. Yo solo respondo siempre de lo que yo misma digo , por lo que he decidio dejaros este mensaje directo y público en caso de que esta reunión acabe siendo “unidireccional”. En ningún caso acepto convertirme en parte de vuestra gestión, ni en instrumento.

*Actualización, ha sido interactivo y no unidirecional  aunque el tema principal el App #covidradar

Lo primero es aclarar que soy médico y ahora me dedico a…

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28.05.2020 “Visión y perspectiva en tiempos de COVID-19”

Reproduzco “con firma” publicado en la Revista Madrileña de Medicina (RMM) el 28 de mayo de 2020, sobre la polémica entre niveles asistenciales a raiz de esta nueva “normalidad”.

CON FIRMA. “Visión y perspectiva en tiempos de COVID-19”, por Ángela Hernández

AVISO. Tiempo de lectura: unos 15 minutos.

Soy una cirujana que trabaja actualmente en un sindicato profesional. No soy experta en Epidemiología, no soy experta en Urgencias hospitalarias ni extrahospitalarias, no soy experta en Atención Primaria, pero voy a opinar sobre la que considero que es la primera línea, ni peor, ni mejor, de atención el sistema sanitario. Lo que se dice “meterse en camisa de once varas”. Puedo enfadar a tanta gente con este artículo que he pensado en la idoneidad o no de escribirlo o publicarlo.

He intentado comprender lo mejor posible todos estos niveles asistenciales, y llevo en ello el tiempo suficiente como para saber que, de la sorpresa inicial por el interés que demuestro, se suele llegar al recelo final porque al fin y al cabo “no soy de los suyos”, y hay cosas que solo se pueden entender siendo médico de familia, del SUMMA112 o urgenciólogo. Esto hasta con amigos, no digamos ya con organizaciones más o menos afines (organizaciones sindicales, sociedades, asociaciones, colegios, plataformas, movimientos…).

Empecemos por los hechos.

Tengo la impresión de que una parte los médicos de la Atención Primaria en Madrid no quieren la atención urgente fuera de su horario laboral;la organización de la Atención Primaria a nivel urbano por parte de la Administración madrileña desde el 2005 fue que dicha atención la atendería el nivel de urgencias extrahospitalarias o SUMMA112. No voy a profundizar en los motivos, ni en lo que supone para la atención integral del paciente, el hecho es que de momento no la realiza y, por conversaciones con los que no quieren, no descarto que sea porque consideran que no disponen de suficientes medios para tratarlas. Al fin y al cabo, la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria (MFyC) pasa una parte mayoritaria de su aprendizaje en el hospital y haciendo guardias en urgencias hospitalarias, así que no es de extrañar que, cuando se encuentran en el entorno de un centro de salud o un consultorio, a una parte no le parezca el mejor sitio para tratar una urgencia. De hecho, hay numerosos médicos de familia que complementan su actividad con guardias en urgencias hospitalarias y allí no tienen problema en atenderlas, así como en su horario laboral normal. No lo critico, ojo, la Atención Primaria ha ido asumiendo cada vez más cosas sin que se acompañara de la adecuada dotación de plantillas, y se encuentra en una situación crítica y de diáspora de los médicos de dicho nivel a otras comunidades con mejores condiciones, y a puestos de gestión.

Entonces… Un paciente que se encuentra mal, ¿dónde acude? Espero que haya acuerdo en no situar de momento la responsabilidad de saber a dónde tiene que acudir en el paciente, sino que debería ser algo muy bien explicado desde el sistema sanitario como parte de la educación en salud. Ahora veremos que no es nada fácil.

Hablemos de antes de la crisis del coronavirus

Dependía… del horario y del propio paciente.

Por un lado, si lo decide y conoce en profundidad el nivel de Atención Primaria, puede acudir como “sin cita” durante el horario de 8h a 21 h a su Centro o Consultorio de Salud. Esto es uno de los motivos (hay otros) de imposibilidad de establecer agendas humanamente abarcables para los Médicos de MFyC, ya que, dependiendo del centro y del turno, pueden estar atendiendo más de 50 pacientes por jornada (hasta 110 me han llegado a referir en una consulta de afiliado). A partir de las 21 horas (controversias “media hora” con el SUMMA112 aparte) podía acudir a su Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP), que se llama así pero ya no es del mismo nivel asistencial, es atendido por personal del SUMMA112. Si vive en un entorno rural, tiene disponible un Servicio de Atención Rural (SAR), en el que será atendido por médicos de Atención Primaria que tienen unos horarios similares a los médicos de los SUAP del SUMMA112.

Por supuesto, siempre puede llamar al 112, donde será atendido por el Centro Coordinador del SUMMA112, quien tratará de atender su situación en un espectro que abarca desde hacerlo por teléfono (no, no se ha inventado nada nuevo estas semanas), recomendarle a dónde acudir, movilizar un dispositivo para atenderle en domicilio, que será de Atención Primaria en el horario descrito de 8 a 21 horas si no es urgente, una Unidad de Atención Domiciliaria (UAD) si es por la noche o fin de semana, o una del SUMMA112 si se considera urgente, o… si así lo estiman los profesionales, a la activación de un recurso de emergencia del SUMMA112 tipo Vehículo de Intervención Rápida (VIR) o una UVI en cualquier horario.

Además, el paciente puede también acudir a un Servicio de Urgencias hospitalarias, al que quiera dentro de la Comunidad de Madrid, que para eso somos área única desde tiempos de Güemes y Esperanza Aguirre.

Las Urgencias Hospitalarias sí quieren atender urgencias, pero su queja más habitual es que (por decir un número) el 80% de lo que atienden no son urgencias de verdad. Y también quieren tener especialidad y residentes propios, pero se encuentran con la disconformidad de las sociedades científicas de Atención Primaria (unidas en esto) y la sociedad de Medicina Interna. Lo que subyace aquí tampoco se profundizará en este escrito, baste decir que no tiene que ver con razones asistenciales.

Bueno, pues a esta realidad compleja se sumaba una carencia de base de médicos en los tres niveles descritos. A pesar de ser Madrid una comunidad receptora y atractiva, ya hace años que había problemas en el “paraíso”. Unas 400 plazas sin cubrir (lo que hay son muchos tipos de plazas sin cubrir, algunas de ellas vacantes, sobre todo las de Pediatría de AP, y si las incluimos entonces hablamos de 150 plazas más, en total 550) de Atención Primaria sin médico que implican repartos entre los médicos presentes. Dispositivos de SUMMA112 cerrados de forma numerosa y sistemática, no puntual, durante fines de semana por falta de médicos. Y servicios de Urgencias Hospitalarias con plantillas en teoría ajustadas a los parámetros de media que manejan los gestores sanitarios, y que también periódicamente se ven saturados de una forma prácticamente estructural cada invierno y cada verano desde hace décadas.

Viendo todo esto, con el sistema actual de la atención centrada en el paciente que ejerce su derecho a ser atendido en cualquier momento sin ningún tipo de filtro moderador ni contrapartida, el control de la demanda de la población es inabarcable y la orientación a su uso a la población se antoja imposible. Yo misma reconozco que hasta varios años después de estar trabajando en el sindicato no me enteré de la opción del SUAP más cercano a mi domicilio. Tengo serias dudas de que eso mismo no suceda con los propios políticos, que tienen otros niveles de acceso al sistema. Lo que está claro es que no es de extrañar que la población al final actúe conforme a su experiencia anterior y la de sus vecinos, y vaya alternado niveles incluso si desea diferentes opiniones. Es prácticamente ingobernable.

Llega la crisis de la Covid-19.

Después de leer todo lo anterior, solo cabe pensar que bastante bien parados hemos salidos teniendo en cuenta de dónde partíamos.

Inicialmente la epidemia se confunde con la sobrecarga habitual de invierno, donde en teoría está llegando a su descenso la endemia estacional de la gripe. Empiezan a sonar las alarmas, más pacientes de lo habitual requieren recursos de ingresos (cama hospitalaria) y de apoyo crítico (respiradores). Y en apenas unos días, todo es Covid-19, disminuyen al mínimo las consultas a urgencias de otro tipo salvo las realmente graves, los hospitales se organizan (cada uno a su manera) para apoyar y todo se transforma con una disminución paulatina de otras actividades en torno al servicio de urgencias, a los servicios de ingresos Covid-19 (plantas Covid-19) e intensivos Covid-19 y áreas asimiladas.

La Atención Primaria se reorganiza para seguir atendiendo en condiciones de precariedad de material de protección, se establecen triages y se potencia la atención telefónica, a menudo con los móviles de los propios médicos y profesionales por falta de recursos.

Desde la noche del día 22 de marzo, “dejan de funcionar temporalmente los SUAP” (los Servicios de Urgencias de Atención Primaria, que abren por las noches y los fines de semana). Para atender las emergencias y las urgencias por la noche, el SUMMA 112 cuenta con 28 UVI móviles operativas (soporte vital avanzado), 38 Unidades de Atención Domiciliaria y la flota de ambulancias urgentes, en torno al centenar.”

Se destina una parte importante de la plantilla de Atención Primaria (en horario diurno días de diario y fines de semana) y SUMMA112 (noche) cuyas plantillas ya estaban diezmadas por las bajas a causa de la Covid-19, a atender el hospital de campaña por el que se produce la apuesta del gobierno de la comunidad de Madrid, el IFEMA. Se cierran centros de salud y consultorios que aún continúan cerrados en parte a día de hoy.

La nueva normalidad o la Covid-Plus.

Y así va doblegándose la curva y van descendiendo los casos de Covid-19 y llegamos a la situación actual, la llamada desescalada, una nueva realidad en la que hay que ir volviendo a atender de forma paulatina todo aquello que quedó postergado por la crisis del coronavirus. En el que la población vuelve a requerir del sistema sanitario la solución de sus problemas percibidos de salud y conforme se avanza de fase en el progresivo desconfinamiento sigue pudiendo moverse por ese primer nivel a su criterio.

Repito, sin haber participado en los planes estratégicos de urgencias y emergencias, no hay que ser un genio para darse cuenta de que esto es casi tan ingobernable como los 17 sistemas sanitarios más INGESA.

En mi humilde opinión que puede estar perfectamente equivocada, yo establecería en primer lugar la decisión de si se quiere o no un primer nivel de urgencias que atienda la totalidad de la demanda percibida por la población y un segundo nivel de urgencias que atienda lo que el primero considere de gravedad.

Si la respuesta es , habría que decidir quién los atendería y en mi opinión compartir dos niveles asistenciales no lo facilita. Dejaría el SUMMA112 unido al SAMUR para las emergencias extrahospitalarias (ya enfado a otros más, pero la coexistencia es un ejemplo de libro de duplicación de recursos, sin quitar méritos a ninguno de los dos).

Establecería un circuito de traslados no urgentes y urgentes. Y asignaría dicho nivel de urgencias de primer nivel (SUAP y SAR) y domicilios a Atención Primaria cuya estructura y plantilla tendrían que reforzarse en consecuencia (ya me empiezan a pitar lo oídos). Al segundo nivel de urgencias, las Urgencias Hospitalarias, solo se podría acceder derivado del primer nivel o a criterio de los servicios de Urgencias Extrahospitalarias. No entro, por mayor desconocimiento y por extensión en la cobertura del nivel sociosanitario y la atención a residencias, que claramente también tendría que definirse.

Si la respuesta es NO, habría que reforzar los servicios de Urgencias Hospitalarias y Extrahospitalarias para que asumieran todas las urgencias y emergencias, tanto las que los pacientes que decidieran acudir por sí mismos, como las derivadas de la Atención Primaria tanto en los Centros de Salud como en los domicilios, en este modelo desaparecerían los SUAP y los SAR.

Cualquiera de ambas opciones las podría entender como paciente, y lo que es más importante, lo podría explicar a la población y a los profesionales, y ocupan medio folio. Explicar la organización actual me resultaría muy difícil, ya que el nivel asistencial depende no solo de la gravedad, sino también del momento del día en el que se requieren.

Afortunadamente y antes de que alguien quiera lincharme, yo no tengo la capacidad para organizar la asistencia sanitaria de la Comunidad de Madrid. Pero los que, si la tienen, hace tiempo que deberían, en mi opinión, haberse sentado con los profesionales de todos estos niveles asistenciales y haberse puesto a organizar este tremendo caos. ¿Y por qué? Porque al final somos humanos, muy humanos, y lo que llevo oyendo años es problemas entre AP y SUMMA112 por lo que hacen o dejan de hacer los otros, problemas entre AP y Urgencias Hospitalarias por lo mismo, todo ello en un entorno de plantillas a todas luces insuficientes. Hoy mismo observo con pena cómo el aumento esperable de consultas “urgentes” está creando malestar y declaraciones desafortunadas, en mi opinión, entre los propios médicos, con escaso ejercicio de ponerse en el lugar del otro. Sin entendernos los unos a los otros no lograremos el que se supone que es el objetivo de la asistencia sanitaria, que es dar a la población la mejor asistencia en condiciones de equidad. Y eso, tenemos que asumirlo todos, desde los políticos a los gestores, profesionales y pacientes, NO es lo que ha pasado durante la crisis del coronavirus. Un paciente con un estado de gravedad similar ha seguido caminos diferentes (llamarlos circuitos supondría la existencia de protocolos que faltaron durante las semanas más crudas de la pandemia), según fuera atendido desde la Atención Primaria o desde las Urgencias Hospitalarias, incluso en cuanto a su diagnóstico y manejo del alta con PCR o no dependiendo de si podía seguir el aislamiento en domicilio o en hospital de campaña u hotel medicalizado. Queremos, sabemos y debemos hacerlo mejor y eso no se va a lograr desde los intereses de cada nivel asistencial visto de una forma impermeable respecto a los demás y en muchos casos y hablo especialmente de hospitalaria en este caso, sin un conocimiento real del trabajo en los otros niveles asistenciales.

Esto no supone quitar mérito a lo realizado ni una crítica destructiva. Debemos sentirnos tremendamente orgullosos de todos y cada uno de los que hemos colaborado para salir de este tsunami con el mayor número de pacientes atendidos de la mejor forma posible y a pesar de la insuficiencia clamorosa de medios con la que contábamos. Solo por esto cada uno de los que hemos salido ahí ya tenemos un mérito innegable, unos más que otros, con más o menos miedo, pero ha habido que estar ahí para entenderlo. Desde lo más discreto y menos valiente como permanecer en la reserva, o volver a sentirse R1 retomando la supervisión de la asistencia en un hotel medicalizado, hasta el R0 que dijo si a un contrato sin conocer bien ni las condiciones a la

llamada de alguien de la consejería que no le explicó ni cómo había logrado su teléfono, al jubilado que se ofreció a colaborar en la atención telefónica o incluso a la vuelta a la asistencia a pesar del riesgo que asumía, al Médico de Familia o Pediatra que ha cambiado por completo su forma de trabajar para seguir atendiendo a sus pacientes bien por teléfono o de forma presencial, al Médico de Familia o al del SUMMA112 que acompañó a un paciente y a una familia en su domicilio cuando lo habitual es que se alterne la asistencia con el equipo del ESAD o que el final se produzca en el hospital, al Médico de Familia o Residente de MF y C que cubrió de forma más o menos voluntaria la asistencia del hospital de campaña IFEMA, al Urgenciólogo que asumió el tsunami atendiendo en pasillos o donde hiciera falta, al Especialista X que asumió la patología Covid-19 poniéndose a las órdenes de los Internistas y Neumólogos tras años de dedicarse a otra cosa y sin hacer guardias, hasta los Intensivistas y Anestesistas que reinventaron los espacios del hospital para aprovechar hasta el último respirador disponible… Seguro que me dejo alguna especialidad o alguna situación, pero a todos mi más emocionado agradecimiento. Somos grandes, sois grandes, y el paciente y los familiares lo saben, cuando ha ido bien y cuando ha ido mal, y esperemos por el bien de todos que no lo tenga que saber más proporción de la población a lo largo de las próximas semanas o meses.

Puede que la Administración esté muy sobrepasada. Entre nosotros, siempre lo está. En los aproximadamente seis años que llevo asistiendo a las mesas sectoriales la excusa de falta de medios técnicos, de medios humanos, de lo difícil que es tratar con Hacienda y la frase de “hacemos todo lo que podemos, pero es lo que hay” la he oído tantas veces, que, teniendo en cuanta la magnitud e imprevisión con la que se ha enfrentado esta crisis, en este caso es más que creíble que hayan estado sobrepasados y deben haberlo pasado realmente mal. Pero tratar de actuar como si no hubiera pasado nada o seguir arreglando las cosas de una forma parcheada va a salir muchísimo más caro en términos de salud, economía y de desgaste personal de los médicos.

A buen seguro incurro en inexactitudes, pero… ¿de qué sirven sesudos planteamientos, libros blancos sanidad periódicos o planes estratégicos de 500 folios que se quedan en el cajón de las buenas intenciones? Los médicos y TS y los pacientes no podemos seguir esperando. Es el momento de dar pasos, es el momento de ser decididos antes de que se produzca un rebrote o venga otro patógeno y nos vuelva a pillar defendidos tan solo con nuestras buenas intenciones (que no es poco): la buena intención no es infinita ni efectiva frente al contagio. Aún desconocemos cómo va a afectar todo esto a varias generaciones de médicos y de futuros médicos, pero no es ético ni estético seguir confiándolo todo a que la profesionalidad y el buen hacer de los médicos y resto de profesionales haga frente al problema. Yo sola no tengo la capacidad de hacerlo, pero si tengo la de alzar la voz desde AMYTS y exigirlo e invitaros a los demás hacer lo mismo, con una cierta distancia, y no solo por el virus. Del mismo modo que un artista al pintar un mural tiene la visión de conjunto en su cabeza, tenemos que exigir que los que nos gobiernan la tengan con la sanidad, y no desde un punto de vista electoralista o cortoplacista, sino compartiendo la necesidad de que esa visión suponga garantizar la mejor asistencia en las mayores condiciones de equidad posibles. Es el momento de exigir esa visión y esa capacidad de liderazgo al gobierno autonómico y a la Consejería de Sanidad, es tiempo de tratar de sacar lo mejor en la reforma del sistema para el próximo rebrote o la siguiente epidemia, no de fotos o de debates estériles que solo interesan a lo que están ahí por intereses partidistas. Es el momento de gobernar con vocación de servicio, y el que no tenga esa visión o no se sienta capaz, debe dar un paso atrás.

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo. Vicesecretaria General de AMYTS

Cuestión de confianza.

Reproduzco entrada del 3 de mayo de la Revista Madrileña de Medicina ‘CON FIRMA. “Cuestión de confianza”, por Ángela Hernández’.

 

CON FIRMA. “Cuestión de confianza”, por Ángela Hernández

“La actitud es una pequeña cosa que hace una gran diferencia”. W. Churchill.

Leía en su comparecencia la Presidenta Ayuso en el pleno de la Asamblea de Madrid del 29 de abril (27’53’’)“El Ministerio de Sanidad nos obligaba a enviar comunicaciones eclipsando el problema”. Lo leía, de forma que no queda la posibilidad de una mala pasada del directo.

Estas declaraciones de Ayuso no tienen desperdicio por lo que implican. Si son ciertas, reconoce que el gobierno de la CAM mintió u ocultó la realidad que conocía por orden del Ministerio. Si son falsas, es gravísimo decir algo así en un contexto como la actual crisis, formaría parte de un relato político muy alejado de la realidad que hemos vivido en Madrid. Dolor o muerte, no hay por donde pillarlas.

El resto del pleno da una idea del discurso del “y tu más” con el gobierno central, atribuyendo los méritos de la gestión al gobierno autonómico y los errores al central, todo ello en un tono, y me duele decirlo, poco propio de la institución que representa la voluntad democrática de los madrileños. En estos momentos en los que la información está disponible en cantidades que llegan a sobrepasarnos, es muy fácil contrastar ese relato de que Madrid iba por delante en la toma de las medida con las propias declaraciones de la Presidenta el 11 de marzo en una entrevista a Telemadrid en las que afirmaba rotundamente que Madrid no se iba a cerrar al menos desde el Gobierno regional.

Aún no he perdido la capacidad de asombrarme, no se si es bueno o malo… Seguro que muchos diréis que, claro, que qué me esperaba de un político.

Leía en un artículo del 22 de marzo, entre la consternación y el lógico orgullo, que, en una encuesta sobre la confianza del ciudadano ante una emergencia, su nivel se situaba para el gobierno central en el 19%, y bajaba al 11% en los líderes políticos; mientras que en el caso de los empleados públicos se situaba en un 75%, llegando al 95,5% en el personal sanitario. Preguntaban en ese artículo si se consideraba que hacía falta unidad de los políticos en la crisis del coronavirus, y con más de 100.000 respuestas, el 94% responde que sí.

Esperaba, y espero, más de los políticos que nos representan. Espero poder confiar en que van a hacer todo lo que esté en su mano para utilizar el poder que les hemos otorgado en las urnas para gobernar de la mejor forma posible. Esta crisis ha sido una prueba, sin lugar a dudas, en la que han quedado al descubierto las debilidades de un sistema sanitario que ha sido fragmentado y centrifugado en 17 minisistemas más Ingesa (Ceuta y Melilla) al que todos se apuntan a la hora de ponerse méritos, pero en el que todos lanzan la patata caliente al otro cuando hay problemas.

Los médicos y profesionales sanitarios hemos asistido atónitos a una dialéctica en la que las responsabilidades siempre eran del otro y los méritos propios, en un despliegue de relatos, unas veces a nivel autonómico (como el que traigo hoy aquí) y otras veces a nivel central (bien a través de declaraciones como que ha habido material de protección y que si ha faltado ha sido de forma puntual, como las de Fernando Simón, bien a través de ruedas de prensa del Presidente del Gobierno). Pueden y deben hacerlo mejor, deben trasmitir que son conscientes de lo terrible de lo sucedido y que respaldan y se responsabilizan de todo ello. Y eso aún no ha ocurrido, más bien trasmiten la sensación de que su mayor preocupación es escurrir el bulto y de que les importan más las consecuencias partidistas electorales que lo que realmente ha sucedido y está sucediendo.

Tanto a nivel autonómico en Madrid como a nivel central, para mí han compartido algo muy preocupante, que no inspiran la menor confianza.

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo. Vicesecretaria General de AMYTS

19.04.2020. CON FIRMA. “¿No les gustaría sentirse orgullosos de la gestión de la alerta del SARS-CoV-2?”

Reproduzco entrada de “Con firma” en la Revista Madrileña de Medicina de AMYTS del 19.04.2020.

 

CON FIRMA. “¿No les gustaría sentirse orgullosos de la gestión de la alerta del SARS-CoV-2?”, por Ángela Hernández

 

La enemiga de la prosperidad es la incertidumbre que genera la mala política.” Finn Kidland

 

Políticos y resto de autoridades sanitarias autonómicos y centrales¿nos les gustaría sentirse orgullosos de la gestión de la alerta del SARS-CoV-2? ¿Se sienten orgullosos? Pero orgullosos de verdad, no de cara a las encuestas o a sus partidos, de ese orgullo que te arropa por las noches antes de dormir con la conciencia tranquila.

Puedo asegurar que los médicos si que nos sentimos orgullosos de nuestra labor en esta crisis. También sentimos muchas otras cosas, dolor, miedo, impotencia, frustración, enfado, rabia, cansancio… Pero sabemos, como lo saben todos aquellos que nos animan y aplauden cada tarde a las ocho, que hemos hecho y hacemos cada día todo lo que estaba en nuestras manos, de hecho, a veces con nuestras propias manos desnudas a causa de la escasez de medidas de protección adecuadas. Sentimos la satisfacción intrínseca e inalienable del deber cumplido, incluso cuando la tarea sobrepasó nuestra capacidad.

¿Pueden ustedes decir lo mismo? Si la respuesta es “No”, o “Hicimos todo los posible según nuestros asesores”, o “Qué más da cómo lo hicimos mientras nos mantengamos en el poder”, reflexionen. Están a tiempo de mejorar esta gestión, están cuando menos a tiempo de no seguir el espectáculo de acusaciones mutuas o venta publicitaria. Si la respuesta es “Sí”, también tienen que reflexionar.

Nada nos gustaría más a los médicos, además de sentirnos orgullosos por la respuesta del sistema sanitario madrileño y español que ha sufrido el peor embate que conocemos, que poder sentirnos orgullosos de los políticos y autoridades sanitarias autonómicos y centrales.

¿Pelín rimbombante verdad? ¿Por qué reitero y repito machaconamente autonómicos y centrales una y otra vez? Porque, como bien apuntaba Mónica Alloza la semana pasada: “No son colores políticos, es nula capacidad. Para lo único que se emplean bien a fondo es para justificarse y echarle la culpa al otro.”. No deberíamos, y no debería dejarse el resto de la población, arrastrar por “los relatos” de unos y de otros, pero se palpa la polarización, tanto en las conversaciones como en las redes sociales. En estas semanas complicadas hemos tenido que enfrentar, además de la impotencia de ver cómo escaseaban medidas de protección, cómo faltaban o se improvisaban circuitos sobre la marcha, cómo se escatimaban PCR para profesionales sanitarios, cómo colapsaba el sistema sanitario, etc., a los “voceros” de uno u otro signo que se indignaban porque no se hiciera una alabanza ciega de la gestión de lo que muchos se han empeñado en llamar “situación de guerra”. Como ya he declarado, esto no es una guerra, es una epidemia mal gestionada.

Ya resuenan los tambores de la crisis que vendrá. Ya se ha mencionado que no hay dinero para agradecer el esfuerzo realizado, y es cierto. Los médicos tenemos que huir de la indefensión aprendida, tanto de los que vienen, los estudiantes de Medicina, como de los que se están formando, los residentes, como señalaban Daniel Bernabeu y Sheila Justo, como de los adjuntos, como contaba David Laguna. Desde todos los niveles asistenciales y de ejercicio, tanto de Atención Primaria, como han contado Alicia Martín o Julián Ezquerra, o el SUMMA 112, o las urgencias hospitalariasejerzan en gestión pública o privadaSe acerca el momento de volver a luchar por la profesión médica, por asegurar unas condiciones de ejercicio que no solo no espanten, sino que atraigan el talento médico a España. Es el momento de exigir que las cosas se hagan bien y que se implementen los mecanismos para que se puedan hacer aún mejor en futuras crisis sanitarias, incluso pidiendo “lo imposible”, como la devolución de las competencias en salud pública y sanidad si así lo consideramos, la despolitización de la gestión sanitaria, el reconocimiento que merecemos y merecen los pacientes (que no usuarios ni clientes), y un marco de diálogo y negociación propioSin temor a liderar el futuro de la sanidad española, como nos han hecho liderar desde las trincheras la gestión de esta crisis sanitaria.

Así que concéntrense, políticos autonómicos y centrales y autoridades autonómicas y centrales, en gestionar lo que queda de esta crisis sanitaria, que aún queda para rato previsiblemente, de forma que puedan sentirse orgullosos de sí mismos, y que podamos llegar a sentirnos orgullosos de ustedes. Porque el “relato” o los “relatos”, a estas alturas, ya deberían dar igual. Están amortizados, como sus puestos si tienen el menor sentido del pudor. Nada que no pase por su dimisión voluntaria cuando el virus nos dé una tregua (improbable, lo sé) o inducida por los votos de la población, bastará para cubrir los errores ya cometidos y sus consecuencias. Y esto, deberían saberlo ustedes mejor que nadie, tanto en Madrid, Sra. Ayuso y Sr. Escudero, como en el gobierno central Sr. Sánchez y Sr. Illa.

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo. Vicesecretaria General de AMYTS

05.04.2020. EDITORIAL. “Cuando se desbordó el sistema sanitario”

Reproduzco Editorial de la Revista Madrileña de Medicina de AMYTS del 05.04.2020.

EDITORIAL. “Cuando se desbordó el sistema sanitario”, por Ángela Hernández

Vivíamos en una realidad que, si no era completamente perfecta y tenía sus problemas (listas de espera, inequidades intercentros, intercomunidades), trasmitía el sentido, tanto a médicos y profesionales sanitarios como a pacientes y a la población en general, de que el Sistema Sanitario haría todo lo técnicamente posible y conocido en todo caso por cada persona. En ocasiones incluso más de lo razonable, como ilustraba a la perfección Mónica Lalanda en la viñeta de la entrada de su blog sobre encarnizamiento terapéutico). Era un remedo que, sin llegar al estado de “salud absoluta” de los habitantes de la distopía de ciencia ficción de la película de Elysium, se acercaba bastante y nos daba seguridad, tanto cuando las cosas acababan bien como cuando por desgracia acababan mal. No habíamos tenido más remedio que aprender a lidiar con el hecho de que esta realidad nuestra no era extensiva a todo el planeta Tierra, y cada quién canalizaba este contrasentido a su manera, con labores de voluntariado, colaborando con ONGs, con activismo político, o apartándolo a un rincón donde no se escuchara la vocecilla molesta de nuestra conciencia.

A lo largo de las última semanas hemos sufrido un tremendo baño de realidad y, además, debido probablemente a un exceso de confianza, en forma de avalancha incontrolada que ha reventado todos estos presupuestos sobre los que nos asentábamos. En nuestra mente de ciudadanos de un país desarrollado, las carencias y limitaciones del sistema sanitario suceden en otros lugares, en estado fallidos de África, en zonas de conflicto como Siria, en regímenes totalitarios como China… Hasta cuando leíamos las noticias de lo que sucedía en Italia, los comentarios generalizados eran “¿Qué estarán haciendo mal?”. El SARS-CoV-2 llegó aquí, bueno, ya llevaba unas semanas entre nosotros, y cometimos los mismos errores y tuvimos que asumir que la avalancha era demasiado numerosa para poder hacerle frente. Siempre un pasito por detrás en lugar de adelantándonos, la realidad impuso primero que no era posible continuar prestando la actividad sanitaria habitual y además hacer frente al SARS-CoV-2, después que no iba a haber recursos suficientes de camas de ingreso hospitalario y de dispositivos de intensivos, y todo ello en medio de la escasez de medios de protección.

Hay muchísimo escrito al respecto, el enfoque pasa de ser Medicina centrada en el paciente a Medicina enfocada a la población, y ni el sistema, ni quienes lo gestionan, ni los médicos y resto de personal sanitario y no sanitario, ni los propios pacientes, ni la población, estábamos preparados para algo así. La impotencia y frustración que genera toda esta situación es un reto para todos, y habrá que afrontar las secuelas a lo largo de muchos meses cuando todo esto termine.

Hay médicos con miedo de acudir a trabajar en estas condiciones, y es normal. No es que sean mejores o peores médicos, no es una cuestión vocacional, es que nos enfrentamos a lo desconocido y, encima, sin la protección adecuada. Sería lo mínimo que desde las Administraciones, autoridades sanitarias y gubernamentales (autonómicas y central), se tuviera en cuenta esta situación y se asumiera la dificultad de ejercer en este escenario extremo y novedoso con este plus de peligrosidad. Para eso el tener la seguridad inequívoca y clara de que, encima de arriesgarte, vas a tener el adecuado respaldo sería básico. A este respecto considero que la petición de respuestas y respaldo por parte del Comité de Bioética Español debería ser una prioridad de las autoridades sanitarias y gubernamentales, como ya hemos reiterado desde aquí.

Cada cual tenderá a pensar que lo que está viviendo es el peor de los escenarios, pero se da en casi todos los niveles y todos suponen dramas individuales, sobre todo en lo que trata el final de la vida. Drama de la primera línea, el esfuerzo de Atención Primaria y de los médicos de las residencias, que están asumiendo la precariedad del sistema y enfrentando la realidad dolorosa de asumir que no hay opciones, y que donde hace unas semanas había un traslado, ahora hay que mantener el acompañamiento y los cuidados. Drama de las UCI, los intensivistas y los anestesistas, que donde hace unas semanas estaban planteándose beneficios y no sobrepasar la línea del encarnizamiento terapéutico, ahora se ven sobrepasados por falta de recursos suficientes. Dramas personales, porque todo esto los médicos también lo vivimos como miembros de una sociedad en la que también estamos perdiendo familiares y conocidos en circunstancias en las que ni siguiera el duelo sigue los cauces normalmente aceptados. No hay posibilidad de despedidas, se postponen los abrazos y el consuelo tiene que ser por vía telemática.

Ahora se ha puesto de manifiesto que no teníamos un sistema sanitario tan bueno, sino unos profesionales sanitarios de primera. Llevamos supliendo con voluntariedad los déficits que tenemos (que ya habíamos manifestado en incontables ocasiones los años previos). En una situación de crisis sanitaria como la actual, necesitamos mentes pensantes y líderes que tengan una visión general y que logren dar ese enfoque poblacional que maximice las posibilidades de los madrileños y de los españoles en las condiciones de mayor equidad posible. Después también, pero hará falta mucha altura política para superar la fragmentación en 17 del SNS.

La respuesta de los médicos y resto de personal sanitario ha sido, es y va a seguir siendo espectacular. Corresponde a las autoridades aliviar al menos con su respaldo inequívoco dicha labor, y no estaría mal que valoraran una política de personal que nos hicieran sentirnos valorados y, ¿por qué no decirlo?, queridos. Hay centros en los que se está haciendo así; un ejemplo sería el Hospital de Torrejón. Somos conscientes de que la flexibilidad en la gestión directa es más difícil, pero la situación requiere liderazgo e imaginación, sobre todo teniendo en cuenta que va a ser una campaña difícil y prolongada en el tiempo.

Y hay cosas concretas que serían muy bien acogidas:

  • Que se considere adecuadamente el trabajo de los residentes de último año que están haciendo labores de adjuntos como tal.
  • Asegurar que no va a haber pérdidas retributivas (incluyendo en la masa salarial prorrateo de jornada complementaria) en los reordenamientos de actividad derivados de esta crisis, ni en el futuro.
  • Que se va a tener en cuenta y retribuir en consecuencia el exceso de jornada que se está realizando en todos los niveles asistenciales (y sería un gran gesto que se hiciera a precio como mínimo de hora ordinaria, y deseable que fuera a precio de hora extraordinaria).

Y otras que siguen siendo perentorias:

  • Que se dé puntualmente la información a los profesionales, tanto de la reorganización de la asistencia sanitaria como de los profesionales afectados por la Covid-19, por centros y a nivel autonómico.
  • La formación y acompañamiento de aquellos médicos y profesionales que se vean desbordados por todo esto.
  • El circuito de pruebas diagnósticas de los médicos y profesionales sanitarios y no sanitarios imprescindibles para la asistencia, que sigue pendiente de definir y funcionar adecuadamente en niveles como la Atención Primaria.
  • Que la afectación por Covid-19 tenga consideración de enfermedad profesional en los médicos y resto de profesionales sanitarios y no sanitarios, imprescindibles para la asistencia sanitaria.
  • Que la reordenación de efectivos tenga en cuenta las situaciones de trabajadores especialmente sensibles.

Tenemos el calor de la población y de los pacientes. Necesitamos sentirnos queridos, reconocidos y valorados también por las autoridades sanitarias y por los diferentes gobiernos.

¿Se me va tachar de pesetera o a ser criticada por decir esto alto y claro? Espero que no, es una cuestión de sentido común, que por desgracia y como vamos viendo a lo largo de estas semanas, no es el más común de los sentidos. No me avergüenza pedir esto para la profesión médica, más bien creo que debería avergonzarme no pedirlo.

Y la principal petición es que escuchen a los médicos, no solo cuando somos imprescindibles, también cuando todo esto pase. A todos, a los valientes, a los seres de luz, a los pragmáticos, a los que se preocupan de sus familias, a los quemados, a los que vienen con diferentes escalas de valores… Escúchennos, valórennos y hagan de Madrid y de España un lugar atractivo para ejercer, en estas y circunstancias extraordinarias, pero también dentro de unos meses cuando todo esto pase. Porque cuando las cosas vienen mal dadas los médicos estarán ahí, como lo están el resto del tiempo, pero somos médicos, no tenemos por qué ser héroes todo el tiempo, y también tenemos nuestro corazoncito.

#MédicosNoHéroes

Porque un héroe o heroína rara vez lo es de motu proprio, sino por las circunstancias que le toca vivir.

“héroe, ína

Del lat. heros, -ōis, y este del gr. ἥρως hḗrōs; la forma f., del gr. ἡρωΐνη hērōḯnē.

  1. m. y f. Persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble.
  2. m. y f. Persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes.
  3. m. y f. En un poema o relato, personaje destacado que actúa de una manera valerosa y arriesgada.
  4. m. y f. Protagonista de una obra de ficción.
  5. m. y f. Persona a la que alguien convierte en objeto de su especial admiración.
  6. m. En la mitología antigua, hombre nacido de un dios o una diosa y de un ser humano, por lo cualquiera considerado más que hombre y menos que dios; p. ej., Hércules, Aquiles, Eneas, etc.”

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo. Vicesecretaria General de AMYTS

08.03.2020. EDITORIAL. “Nos necesitan, nos temen, nos odian… ¿O simplemente no saben qué hacer con nosotros?”

Reproduzco entrada de “Editorial” en la Revista Madrileña de Medicina de AMYTS del 08.03.2020.

 

EDITORIAL. “Nos necesitan, nos temen, nos odian… ¿O simplemente no saben qué hacer con nosotros?”, por Ángela Hernández

Volvemos a vivir tiempos convulsos. La alerta sanitaria del SARS-CoV2-19 destapa las vergüenzas de un sistema (¿he dicho uno?), de 17 sistemas sanitarios que se sostienen como pueden para lo cotidiano, para lo bueno y para lo malo en médicos y otros titulados superiores (TS) sanitarios. Facultativos que, a tenor de las reacciones que nos llegan, y a pesar de sufrir seguro de sesgos de selección, ya que los descontentos pueden ser más proclives a expresarse que los contentos, se sienten maltratados, ninguneados e infravalorados a nivel retributivo, de consideración y de reconocimiento.

Como toda crisis, aflora lo mejor y lo peor, todo ello en mitad del sobreesfuerzo requerido a equipos médicos que ya arrastran carestías de base. Contemplamos cómo baten las olas frente a la primera línea (Urgencias Hospitalarias, Atención Primaria-SAR y Urgencias Extrahospitalarias-SUMMA112) y cómo se ponen a prueba otros servicios como Laboratorio, Radiología, Unidades de Cuidados Intensivos, Neumología, Medicina Interna y Salud Pública, por citar solo algunos.

Puede resultar repelente entonar el “ya te lo dije” que tan mal nos sentaba cuando nos los decían nuestros padres y que, sin que podamos creer que ha pasado tanto tiempo, nos encontramos repitiendo a nuestros hijos. Pero en este caso no queda otra que repasar lo que desde AMYTS llevamos años denunciando.

Voy a centrarme en las primeras líneas de atención:

  • Urgencias Hospitalarias, esa categoría de médicos que llevan décadas solicitando el reconocimiento de una especialidad para poder desarrollar plenamente su profesión y poder competir en igualdad de condiciones en un medio de la complejidad que supone un hospital. Es categoría que ostenta el dudoso honor de tener el mayor porcentaje de temporalidad entre las diferentes categorías de facultativos, alcanzando el 85%. Con plantillas que, aún demasiado a menudo, son utilizadas como recurso para dotar de personal a otros servicios, y que, a la luz del estudio frío de los números, se considera bien dotada por la Administración y totalmente insuficiente desde el punto de vista de los facultativos. Y me atrevería a decir también que de los pacientes.
  • Atención Primaria – SARlos “hermanos pobres” desde el punto de vista de un presupuesto sanitario siempre creciente y acaparado por el gasto hospitalario, a pesar de que está sobradamente demostrado que su incidencia en la salud es enorme y reconocida por la OMS. Por desgracia en Madrid está boqueando, con centenares de plazas vacías de médicos de familia y de pediatras de AP por ausencia de suplentes dispuestos a aceptar las actuales condiciones de trabajo, con la consiguiente sobrecarga de los que están y la irreparable pérdida de todos aquellos que deciden irse: a otros países, a repetir el MIR e incluso renunciando a la Medicina.
  • Urgencias extrahospitalarias – SUMMA112, conformado por el Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP), Unidades de Atención Domiciliaria (UAD), Servicio de Coordinación de Urgencias, Vehículos de Intervención Rápida (VIR), Unidades Móviles de Emergencia (UME), etc. Esa mezcla ente las urgencias de primaria, el trasporte sanitario, la atención del 112 y las emergencias extrahospitalarias compartidas con el SAMUR en Madrid Capital… ¿Qué podría salir mal? Como nos cuenta el sector SUMMA 112 de AMYTS cada semana, actúa infradotado cada fin de semana, y en épocas vacacionales y de especial saturación, por la ausencia de médicos suficientes.

Si estos son los problemas cotidianos de estos servicios, ¿qué medidas se están tomando para que la alerta sanitaria actual no agrave las carencias en las que se ven obligados a ejercer?

Lo he escrito con anterioridad, y temo que tendré que seguir haciéndolo: tenemos que decidir entre todos el tipo de sanidad que queremos darnos como sociedad. Con la actual financiación a través de los impuestos de todos no va a ser posible continuar manteniendo el excelente Sistema Nacional de Salud que tenemos y que deberíamos preservar mientras los políticos se dediquen solo a las fotos y a ponerse las medallas del esfuerzo de otros, porque el descontento cada vez es más palpable y la barra libre inviable, sin personal y medios tras ella.

Esos médicos y TS que, tras doce años de formación, se miran en las condiciones laborales de países de nuestro entorno y deciden muchas veces hacer la maleta aun sabiendo que, dada la configuración del sistema, la vuelta es más que improbable. Esos médicos que a pesar de las quejas de pasillo, cuando surge una alerta como la que atravesamos actualmente dan lo mejor de sí mismos cada día. Esos médicos están hartos y cansados de que se les ningunee y se les maltrate. ¿Qué vamos a hacer para que no se marchen, se quemen o incluso enfermen?

No somos como el resto de las categorías sanitarias, asumámoslo, y, volviendo al título de estas reflexiones, dejemos de preguntar los motivos por los que Administración nos trata de esta forma, y pongámonos a pensar en cómo vamos a lograr el trato que merecemos y cómo deseamos ejercer la profesión médica que elegimos y que tantos esfuerzos, desvelos y compensaciones nos aporta cada día. Porque, ¿os cuento un secreto?: nadie lo va a hacer por nosotros.

Ángela Hernández Puente
Especialista en Cirugía General y del AD, Hospital Universitario del Sureste. Vicesecretaria General de AMYTS

02.02.2020. CON FIRMA. “Luces y sombras en el ejercicio de la Medicina. A veces, demasiadas sombras…”

Reproduzco entrada de “Con firma” en la Revista Madrileña de Medicina de AMYTS del 02.02.2020.

CON FIRMA. “Luces y sombras en el ejercicio de la Medicina. A veces, demasiadas sombras…”, por Ángela Hernández

Has colaborado en el tratamiento de centenares, miles de pacientes. A lo largo de varios lustros te has especializado en una patología concreta de alta complejidad, que requiere una infraestructura determinada para su realización. Estás llegando a una edad en la que en muchos países empezarías a recibir los frutos profesionales de reconocimiento además de la gratitud de los pacientes a los que has atendido.

Pero NO en España. No en Madrid. No en el SERMAS.

Aquí tu inmediato superior maniobra a tus espaldas para retirarte una comisión de servicio. Es una de las cosas que puede hacer, al fin y al cabo la comisión se ha convertido en el subterfugio al que recurren profesionales médicos y la Administración para aquellas situaciones huérfanas de movilidad dentro de la Comunidad de Madrid o de traslados, como es el caso del ámbito hospitalario. Cuando el subterfugio ha durado varios lustros en los que has desempeñado tu labor con dedicación y desvelos, se cruza esto en tu camino. Personalismos o sencillamente que aparece una figura más conveniente, más aduladora, o que proyecta una sombra menos alargada por su juventud u otros motivos… Y a ti te dan la patada.

No hay defensa posible más allá de la resignación y el pataleo. Varios lustros de experiencia tirados por la borda. En tu plaza de destino estás perfectamente capacitado para ejercer tu profesión, pero ya nunca más podrás hacer aquello en lo que has invertido el grueso de tu profesión. Imposible no sentirte amputado, imposible no pensar en todos aquellos pacientes y compañeros a los que podrías haber ayudado con tu experiencia (“expertice” como gustan de decir en los cursos de gestión sanitaria).  De hecho, la traición y el dolor son tan grandes que no intentas ni lucharlo, ¿para qué? Incluso aunque el sindicato médico lograra modificar la situación, ¿vas a luchar para quedarte donde no te quieren? Bueno, en realidad sabes que la mayoría si te quiere, y que en todo caso quienes no te quieren son algunas personas por intereses nada transparentes y probablemente sin haber mostrado ninguna señal  de desaprobación con tu labor con anterioridad.

Ojalá esto fuera una ficción o el inicio de un libro. Pero es real, es una historia anonimizada basada en hechos dolorosamente reales. Está sucediendo esta misma semana en un hospital del SERMAS de la Comunidad de Madrid, baluarte de la sanidad española. El profesional no quiere denunciarlo y se incorporará a su plaza de origen en breve y desempeñará su profesión con dedicación y empeño, pero no podrá seguir realizado aquello en lo que ha puesto su corazón, su cerebro y su valía durante todos estos años. Perdemos todos, pierde el profesional, pierde el sistema sanitario público, pierden los pacientes.

No es un hecho aislado, y se puede aplicar en muchas especialidades y muchos hospitales del SERMAS. Podéis pensar que exagero, podéis mirar hacia otro lado incómodos, pero todos conocéis más casos de los que se cuentan con los dedos de una mano si hacéis memoria.  Y es que a veces, la Administración es un factor necesario, pero no suficiente para estos abusos. En este caso hay un cargo que decide actuar contra un compañero por motivos no profesionales, una jefatura de servicio que decide mirar hacia otro lado para no complicarse la vida, y una dirección gerencia que ha tomado partido por las razones que sean sin contrastar ni tener en cuenta motivos de desempeño profesional. Cainismo. Pero surge por la falta de mecanismos transparentes, objetivos, y basados en meritocracia para la cobertura de plazas médicas hospitalarias.

Siento impotencia, me gustaría decir al profesional que luche, que no deje que ganen los malos. Que incluso aunque no se logre, es mejor intentarlo que abandonar aquello que amas y la posibilidad de seguir ayudando a tanta gente… Siento rabia, porque son demasiados casos, porque no dejamos de hablar de mérito y capacidad pero constatamos demasiadas carreras cercenadas por motivos que nada tienen que ver con el desempeño profesional, y demasiados compañeros que miran hacia otro lado. No se trata de revictimizar al que le sucede, pero… ¿qué opinan sus compañeros de servicio? ¿Qué opinan los compañeros del resto de servicios del hospital que tantas veces han confiado en su criterio para tratar a los pacientes que le enviaban? ¿Qué hace la Administración para evitar estos abusos? ¿Qué hacemos como profesión médica para cuidar a los médicos?

“Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada.” (Edmund Burke) 

Ángela Hernández Puente
Vicesecretaria General de AMYTS

22.01.2020. Precariedad y efectos adversos en la sanidad madrileña.

Reproduzco entrada de actualidad en la página de AMYTS del 22.01.2020.

En declaraciones al magacín informativo “Está Pasando” de TELEMADRID, la vicesecretaria general de AMYTS, Ángela Hernández, ha querido señalar que el médico es, después del paciente y sus familiares, el que más siente que se produzcan este tipo de situaciones, y en este sentido alerta sobre las condiciones asistenciales en las que se está haciendo ejercer a los médicos y a los profesionales sanitarios en general, por ser una de sus principales causas.

19.01.2020. CON FIRMA. “Provisión de plazas para médicos y titulados superiores de los hospitales del SERMAS”

Reproduzco entrada en la Revista Madrileña de Medicina en forma de “Con Firma” del 19.01.2020.

CON FIRMA. “Provisión de plazas para médicos y titulados superiores de los hospitales del SERMAS”, por Ángela Hernández

 

Los lunes nos reunimos para planificar la semana y tomar decisiones en el Comité Ejecutivo de AMYTS. El pasado lunes 13 de enero se produjo de nuevo un encendido debate sobre un tema tan fascinante como controvertido, la selección y clasificación de puestos de los médicos y titulados superiores (TS) que ejercen en el ámbito hospitalario del SERMAS.

Según datos del portal estadístico de personal del propio SERMAS, de finales de noviembre de 2019 (esperamos que la política del gobierno de la Comunidad siga siendo apostar por facilitar esos datos de una forma periódica y frecuente), hablamos de 11.038 profesionales (habría que añadir a los estatutarios del Hospital Central de la Defensa, que no se encuentran en esa tabla), de los que 10.028 tienen una vinculación estatutaria, 981 laboral y 29 funcionarios. Con un 45% de temporalidad, los facultativos del ámbito hospitalario del SERMAS sufren un porcentaje de temporalidad que sigue siendo sencillamente obsceno (porque si, los interinos también son temporales).

Ni la temporalidad ni el sistema de provisión de los médicos en hospitalaria son un debate reciente; desde AMYTS llevamos tratando de visibilizarlo y exigiendo una solución desde hace bastante más de un lustro.

En concreto, el tema surgió a raíz de si los médicos que ejercen en cuidados paliativos tendrían que ser considerados como categoría profesional o no. Y por supuesto, en el debate posterior y exposición de los pros y contras surgió todo lo demás: si una bolsa de empleo temporal asegura que se elige al mejor para el puesto; cómo y quién decide las competencias que hacen a alguien mejor para el puesto; si el porcentaje de entrevista al final solo sirve para dar un barniz de legalidad al antiguo método “de la dedocracia”; si el motivo de que no haya traslados o movilidad dentro de la Comunidad es de resistencia profesional o de incapacidad ante el peligro de desmontar los servicios tras tanto tiempo sin que existan; por qué las OPE de facultativos son procesos tan largos y escasos; a quién corresponde decidir sobre estas cuestiones además de a los profesionales -es decir si su representación en este tema es fundamentalmente profesional (colegios y sociedades científicas) o laboral (sindicatos)-; que sin las plantillas definidas por tipos de hospital no se puede empezar a definir nada; si coexiste la realidad de que hay categorías sin especialidad (urgencias hospitalarias y extrahospitalarias), próximas especialidades sin categoría (genética), y puestos sin especialidad ni categoría (cuidados paliativos); si habría que delimitar puestos perfilados y, en caso afirmativo, cuántos y en qué tipos de hospitales; o si lo mejor sería cambiar por completo el modelo actual por otro, lo que abre otro debate.

Me señalaban después que, en el momento actual, tras el empeño puesto en convencer a la DG de RRHHs del SERMAS para que regule el acceso, hemos llegado a una curiosa situación en la que es posible que “tan solo” hayamos logrado una cosa, el desplazamiento del mayor porcentaje de temporalidad desde el cajón de la eventualidad al de la interinidad. No es un logro menor: no hace tanto, muchos (sobre todo, los que tenían esos contratos) recordarán que durante los años de crisis la DG de RRHH cerró el grifo de las interinidades, avocando al mal uso de los contratos eventuales, llegando a renovaciones cada dos meses en algunos períodos. Al no haber logrado que la Consejería entienda las bondades de un sistema de bolsas como el que existe en otras comunidades para la provisión de los puestos temporales, y haberse quedado en unas convocatorias singulares en las que la Administración impuso un 30% de entrevista, parece que se están produciendo dos fenómenos: por un lado, la frustración de los “de fuera”, que logran enterarse de las convocatorias por vías indirectas (a través de nuestros delegados en AMYTS intentamos publicar todas aquellas de las que tenemos noticia), pues RRHH de Sagasta sigue empecinada en que es suficiente con hacerlos públicos en un tablón o en la intranet del centro, cuando lo mínimo sería su publicación puntual en la página del SERMAS, y se presentan y acaban con la sensación de que el puesto ya estaba dado; y por otro, el temor de los “de dentro”, para los que estaba “destinada” la interinidad, de que con esta publicidad pueda ponerse en peligro su obtención. Viéndolo así, a lo mejor sí que hay motivos para que haya un 100% de descontentos. ¿Qué es esto de “los de fuera” y los “de dentro”? ¿De verdad estamos contratando al mejor?

¿Y quién es el responsable de este descontento, frustración y temor? Pues lo somos todos, cada uno en mayor o menor grado:

  • El Ministerio de Sanidad, probablemente por la complejidad del tema y las transferencias no ha auspiciado el desarrollo de la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias (LOPS), y asiste de Consejo Interterritorial a Consejo Interterritorial a la diferenciación progresiva de los diferentes sistemas de salud autonómicos que conforman el Sistema Nacional de Salud. Nos alejamos del concepto de equidad, no solo salarial, sino también de provisión de puestos.
  • Las Sociedades Científicas no han querido o no han sabido presionar para el desarrollo de las Áreas de Capacitación Específica (ACE) y Diplomas de Acreditación (DA) y Acreditación Avanzada (DAA) recogidas en la LOPS, que habrían ayudado a clarificar mucho todo este tremendo desbarajuste.
  • La Administración autonómica no termina de definir las plantillas hospitalarias en función del tipo de hospital y especificando necesidades de cobertura de esas plazas específicas.
  • Las jefaturas de servicio se han movido a gusto en un medio que les permitía, y permite de facto, elegir a quién contratan.
  • Los profesionales, puesto que hoy por hoy doy por hecho que todos están en posesión de su título de especialista y, por tanto, en capacidad de desempeñar las funciones requeridas para un puesto de carácter temporal. Depende de dónde ejerzan su actividad y de sus relaciones con las jefaturas, se dividen entre los afines, con la suerte de estar en el lugar y el momento adecuado, que logran esos puestos y están contentos, y los no afines, sin suerte para haber estado en el lugar y momento inadecuados, que demandan un sistema de provisión que se ajuste a la normativa pública.

Desde AMYTS llevamos años denunciando las situaciones de indefensión que todo esto provoca: desde las contrataciones a las decisiones a menudo arbitrarias por cambios de equilibrios de poder en los servicios que truncan carreras profesionales brillantes por motivos muy alejados del mérito y la capacidad. Mientras tanto debatimos, reiteramos la necesidad de un trabajo serio al respecto a nivel de la Consejería de Sanidad, y nos vemos obligados a reconocer que, efectivamente, es posible que la situación actual no satisfaga a casi nadie.

¿Hasta cuándo? Veremos, pues la situación de escasez de médicos y TS dispuestos a seguir tolerando estas condiciones parece estar llegando a límites insostenibles, y nos llegan soluciones “imaginativas” que tan solo van a acelerar la fuga de profesionales, como las dos últimas ocurrencias de esta misma semana: regular apoyos en urgencias por especialidades que no realizan esa atención de forma habitual, y hasta plantear a los residentes sustituir situaciones de carencia de personal debido a diversos motivos.

¿Qué nos queda por oír? Miedo da pensarlo.

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo, Hospital Universitario del Sureste.Vicesecretaria General de AMYTS

Documentos:

Y acumulamos artículos de opinión:

Círculos AMYTS:

12.01.2020. CON FIRMA. “A ver si al final sí que van a ser casi todos iguales”

Reproduzco entrada en la Revista Madrileña de Medicina en forma de “CON FIRMA” del 12.01.2020.

CON FIRMA. “A ver si al final sí que van a ser casi todos iguales”, por Ángela Hernández

 

Estoy indignada, lo reconozco. Aún no he logrado digerir que el acuerdo de gobierno a nivel autonómico en la Comunidad de Madrid, pasara por un aumento del número de consejerías de nueve a trece, y me encuentro con noticias de que el primer gobierno de coalición baraja cuatro vicepresidencias y alrededor de veinte ministerios. ¿De verdad pretenden mantener o aumentar el prestigio de la política española con estas actitudes? ¿Cuántas vicepresidencias son necesarias? En un país como Estados Unidos con 50 estados federados tienen uno y aquí necesitamos cuatro.
En teoría se llega a acuerdos de gobierno para buscar aquellas ideas compartidas que pueden mejorar la vida de los ciudadanos de un país, pero la impresión es más bien que se trata de agencias de colocación de los afines a los partidos.Y si, hablo de afines a los partidos, porque demasiado a menudo eso pesa más que la cualificación o la experiencia de gestión para el puesto al que se opta.

Desde el punto de vista de un médico resulta incomprensible. Seis años de facultad de medicina, uno para preparar el MIR, entre cuatro y cinco para obtener la especialización que es requisito imprescindible para ejercer en el sistema público. Cada vez que se inicia el trabajo en un hospital, que hay que entregar la documentación para presentarse a una OPE, una bolsa de trabajo, un traslado (ojalá en Madrid), la Administración nos obliga a presentar de forma reiterada y cansina nuestras titulaciones correspondientemente compulsadas.

¿Y para dirigir las decisiones y el reparto del dinero de todos en forma de presupuestos, de verdad basta con un carnet de partido?

Se habla mucho de profesionalización en sanidad, habría que hablar también de la valía profesional en política.

Y lo peor es que no vislumbro salida, lo practican todos los actuales actores y colores de la política española.

Ojalá la sanidad deje de tener un uso partidista y torticero y sea tomada con la seriedad que merecemos todos, los profesionales sanitarios, los pacientes y los ciudadanos que antes o después son y somos potenciales pacientes.

Ángela Hernández Puente
Especialista en Cirugía General y AD. Vicesecretaria general de AMYTS